domingo, 15 de marzo de 2009

“... Y a otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo”

La frase que ocupa el título de esta nota fue creada por el periodista, traductor, dramaturgo y escritor argentino Rodolfo Walsh y, de alguna manera, simplifica el pensamiento de quien les redacta. Al menos en Argentina hace rato que el periodismo dejó de ser periodismo. Hoy se parece más a un entretenimiento mediático y representa, asimismo, un negocio sumamente tentador y redituable para unos pocos, como sucede casi siempre. En estas líneas no se está descubriendo América, por supuesto, pero sí se intenta explicar que ahora la información recorre otros ámbitos, muy lejanos por cierto a la escencialidad, y también se intenta concluir que la mayoría de los periodistas, al parecer, se han formado profesionalmente para terminar siendo animadores de espectáculos.

En el mundo del fútbol, por citar un escenario, es común que a jugadores, entrenadores y dirigentes se les consulte constantemente sobre temas que innumerables veces no les incumben y en consecuencia sus testimonios no suman al caso, quedan en la nada o, por el contrario, generan conflictos innecesarios, pero con un alto poder de raiting. Y en este último punto, que en definitiva se manifiesta de manera considerable por sobre los dos anteriores, es cuando los dueños de las empresas que manejan los medios masivos de comunicación se frontan felices las manos y reflejan el signo de billetes en sus ojos porque aquellas declaraciones adversas, desacertadas en el protagonista y fuera de contexto seguramante les van a servir para llenar páginas en los diarios, para completar tiras radiales y sobremanera para copar las horas televisivas.

La renuncia de Juan Román Riquelme a la Selección argentina, según argumentó por diferencias en los códigos con su director técnico Diego Maradona, ha ocasionado un sin fin de entrevistas, debates, peleas, dudas, incertidumbres, mentiras, verdades, auspiciantes, publicidades y, obviamente, mucho dinero en las billeteras. Los programas de TV, las emisoras y la prensa escrita, en tanto, tuvieron y aún tienen una importante cantidad de material para "desarrollar" y "analizar".

Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente periodístico, ¿se está informando fielmente al oyente, al lector o al televidente?, ¿interesa saber qué opina Néstor Gorosito, DT de River, sobre el AD10S de Román a la celeste y blanca?, ¿sirve llamar todos los días a Maradona para que cuente sus sensaciones ante este caso?, ¿Para qué? Si se sabe que en el fútbol apenas un puñado de individuos se saca, de vez en cuando, el famoso cassette, ¿le sirve a Maradona amenzar a Gorosito con revelar hechos personales del estratega millonario? ¿no cansa ver a los mismos periodistas peleándose en su propio programa y en los de otros canales?, ¿es necesario que la desvinculación de Riquelme se convierta en una cuestión de Estado?

A simple vista se advierten varias cuestiones por plantearse. Y probablemente haya unas cuantas más. No obstante estas cuestiones, a su vez, permiten desplegar una serie de conclusiones:

1. Los temas que despiertan enfrentamientos y papelones, y que generalmente carecen de valor, venden mucho. Por lo tanto a las empresas les sirve para mostrar en pantalla o en el papel.

2. En reiteradas oportunidades se les da un tiempo y un tratamiento excesivos a situaciones que a lo mejor son importantes, pero que igualmente no merecen el protagonismo que se les da.

3. La selección de noticias no se maneja de manera correcta. Existen infinitas historias que realmente valen la pena saber y sin embargo no abundan lugares en los que se puedan dar a conocer. O el desarrollo de esos hechos no es el adecuado.

4. Los culpables de este inconveniente no son solamente las empresas que dirigen los medios de comunicación. Vale indicar que también el público que recibe la información es el que elige qué ver y qué no.

5. Si por estos días el mayor problema de la Selección es saber qué está pasando en la cabeza de Riquelme o en la de Maradona, una y otra vez y sin rumbo, hay que entender que el futuro del conjunto nacional no va a ser muy satisfactorio (aclaro, por las dudas, que no desestimo este conflicto, pero no me parece lo más importante del mundo). Si ese tema es el principal y no el de analizar conceptos futbolísticos y el de concentrarse como se debe para un compromiso de Eliminatorias, va a ser muy difícil que el equipo se muestre unido, sólido, como un gran grupo de trabajo y que pueda rendir al máximo. Rendir al máximo, siguiendo el pensamiento de esta columna, no significa clasificar a un Mundial y ganar títulos. Va más allá de los resultados. Rendir al máximo, en este caso, significa jugar bien al fútbol. Simplemente eso.

Por Pablo Medina